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La delgada línea entre tristeza y depresión

Actualizado: 16 may

“No me siento bien, tampoco mal, solo me siento vacía”. Fue el comentario de una de mis primeras pacientes. No encontrar un sentido concreto a la vida, no encontrar placer a lo que antes se disfrutaba, el que nadie pueda entender como es ver todo de una forma tan oscura que te sientes atrapado en un agujero, un agujero del que muchas veces ni tú mismo quieres salir, por miedo a lo que puedas encontrar. Así puede verse o sentirse una depresión, un trastorno mental muchas veces ignorado y confundido con la emoción de la tristeza.


Un gran porcentaje de las personas que llegan a terapia es debido a un mal manejo de la tristeza, puesto que a lo largo de su vida no se les instruye para poder manejar de manera adecuada esta emoción, que, como cualquier otra, es parte del ser humano y no precisamente debe ser etiquetada como mala.


La tristeza es una emoción normal y común, como lo puede ser la alegría, el miedo o la vergüenza.


Emociones que están presentes a lo largo de nuestra vida, que todas las personas en cualquier parte del mundo van a compartir, la problemática está en cómo la abordamos, tomando como ejemplo el miedo, una emoción que en circunstancias puntuales puede ayudarnos a sobrevivir en situaciones peligrosas.


De igual forma, la tristeza nos puede ayudar a superar situaciones adversas, situaciones las cuales nos afectan, pero que nos pueden hacer crecer personalmente, el llorar y tomarnos un tiempo para nosotros mismos, mientras nos sentimos tristes, es beneficioso para la salud mental.


¿Qué sucede cuando la tristeza nos sobre pasa? La respuesta a esta pregunta es por demás decir compleja, la tristeza es parte de la depresión; sin embargo, la depresión no es parte de la tristeza. Ambas coexisten en cierto punto, ambas se encuentran en una delgada línea y he ahí la confusión de sus conceptos, la tristeza es momentánea, podemos sentir tristeza por perder un examen, por un regaño, por un comentario, por cosas más complejas como la pérdida de un trabajo o la pérdida de un ser querido.


En estos casos la tristeza es necesaria y justificada; perder a un ser querido lleva un cierto tiempo de duelo, pero este duelo puede ser visto como “normal” ante tal situación. Ahora, si esta tristeza aumenta su intensidad y su tiempo se prolonga más del necesario, es donde esa delgada línea se traspasa y podemos estar hablando de un trastorno depresivo.


¿Qué es la depresión?

Los trastornos depresivos, en definición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales o por sus siglas en inglés (DSM-5), son un conjunto de signos y síntomas en donde un estado deprimido, triste o desanimado será predominante, por un tiempo de dos semanas continuas. Los síntomas característicos de este conjunto de trastornos son un estado de ánimo deprimido, disminución del interés o placer en realizar actividades (Abulia) y la incapacidad de experimentar placer (Anhedonia).


El tiempo en este tipo de trastornos es importante ya que puede ayudar a un mejor diagnóstico, así como pueden ser dos semanas, pueden llegar a ser dos años. Cuando esta sintomatología se encuentra presente podemos empezar a contemplar la posibilidad de un trastorno depresivo, esto por supuesto debe ser respaldado y diagnosticado por un profesional de la salud mental.


Junto con estos síntomas podemos encontrar otros que pueden o no estar presentes, como la pérdida importante de peso o, por el contrario, el aumento desmedido, insomnio o hipersomnia, fatiga o perdida de energía, disminución importante de la concentración, agitación motora y el síntoma más peligroso, pensamientos constantes de muerte.


Otra diferencia importante entre la tristeza y la depresión es su intensidad, además de los

pensamientos y comportamientos que vienen con esta última. Cuando estamos tristes, nos

sentimos decaídos o sin ánimos por una situación en concreto, nuestra atención se focaliza en la situación; pero la depresión va más allá, la depresión nos puede bajar la autoestima de manera considerable, sentirnos mal con nosotros mismos, sentimientos de culpa, ganas de escapar en cualquier momento, una desesperación incontrolable, que, aunque no esté descrita en los libros como tal, quien ha padecido depresión sabe cómo se siente esta sensación.


Así pues, también existen comportamientos compensatorios, que de cierta forma tratan de proteger a la persona de sentirse mal. Estos comportamientos pueden ser por ejemplo el realizar gran cantidad de actividades para mantenerse distraídos, hacer compras compulsivas, la negación a la problemática y con ello reprimirlo.


La situación con estos comportamientos compensatorios es que entre más se evite afrontar la situación, más grande se hará el problema, sé irá acumulando de manera que un día todas esas emociones, sentimientos, pensamientos e ideas llegarán a sofocar a la persona a tal punto de colapsar. La incertidumbre de no poder salir de esta situación, perder incluso la noción del tiempo, te puede hacer sentir como suspendido en el espacio en el que te encuentras, sin comprender lo que está sucediendo a tu alrededor y llegar a consumirte lentamente.


La manera más efectiva de sobrellevar la depresión es afrontarla, puede decirse de manera fácil, sin embargo, el camino para afrontarnos a nosotros mismos es arduo y debe ser constante.


Se ha comprobado la eficacia de la terapia en el tratamiento de los trastornos depresivos, pero el primer paso para mejorar es aceptar que tenemos un problema y que queremos afrontarlo, necesitamos comprender de dónde vienen esos sentimientos, esa sintomatología, adoptar nuestro dolor y no hacerlo a un lado, no evitarlo. Una vez que comprendamos y aceptemos esto, se puede iniciar el cambio y mejorar. No siempre se trata de superar, muchas veces primero debemos comprender, para poder sanar nuestras heridas.


La terapia psicológica es eficaz, no debemos dudar en buscarla, porque cuando nos duele algo o algo anda mal con nuestro cuerpo, acudimos al doctor casi de manera inmediata. Pero cuando nos duelen los pensamientos, los sentimientos, la carga emocional, no acudimos inmediatamente al psicólogo, preferimos evitarlo y con ello evitar la etiqueta de “loco”.


Terapias como la cognitivo conductual, que en esencia busca modificar el pensamiento y los comportamientos negativos, ha demostrado ser una de las más efectivas en casos de depresión y ansiedad. También la terapia humanista, que busca comprender al ser humano, sus sentimientos y auto conceptos puede ser una solución. Al final, la salud mental va a ser igual o más importante que la salud física, no le temamos a la terapia psicológica, el primer paso para mejorar siempre será aceptar que tenemos un problema.



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